Poesia – Mi Pollera, por Ana Isabel Illueca

No me pidas

ni sedas ni gasas

para ornar esta noche

mi talle…

noche de carnaval…

¿Qué panameña

reemplaza su pollera

por un traje?…

Mi  pollera!…

Tú sabes,

yo la hice

con delgados olanes,

donde el encaje

a punto de “mundillo”

una abuela

tejió con manos hábiles;

y luego a los arrullos

de la tarde,

con la aguja enhebrada

en tonos suaves,

marcamos

en la blusa y en la enagua,

las hojas y la flor

de los maizales.

Tú no sabes

la gracia que ella pone

cuando ciñe mi talle

ni el rubor

que se siente en las espaldas

al roce del encaje

que recogen

los hilos de la lana

en bombas circulares.

Ni has visto mis zapatos:

estuchitos de raso

que cobijan

mis pies chicos y ágiles

cual los de las mujeres tropicales.

Mi cabeza es la noche:

en ella cual estrellas,

titilan los tembleques luminosos

desde el negro

azabache de mis trenzas

que sujetan,

dobladas en la nuca

las doradas peinetas.

Y frente a las orejas,

como dos rosas blancas,

asoman las “mosquetas”

que engalanan la cara;

mientras al cuello penden

el rosario de perlas

o el collar

de escuditos coronados

de épocas añejas…

cuando el oro

corría como fuente

por las colonias

plenas de leyendas…

Deja que me atavíe

con mi hermosa pollera;

y que vaya

a cantarte una tonada

allá en la rueda

donde se oyen “pujar”

los “tamboritos”

y la “caja” parlera

que recuerda,

en su rítmico sonido,

los cholos asoleados de mi tierra;

y mientras palmotean

y corean mi canto las morenas,

yo saldré

con el mozo más fornido

al centro de la rueda,

a bailar

la tonada más sentida

de mi patria pequeña;

y al ritmo

de los aires nacionales

de la tierruca istmeña,

mientras hacen

mis pies mil filigranas

al son de sus cadencias,

se abrirá cual dos alas,

mi pollera

que desquite con garbo

la lluvia de sombreros

y monedas.

No me pidas

que cambie mi vestuario

por gasas ni por sedas.

Ninguna panameña

cambiaría

por nada, su pollera.